Avanzaron durante largo tiempo, hasta llegar a la luz que provenía de una gran piedra blanca y resplandeciente que se sostenía flotando encima de un arbusto muy frondoso.
Se pararon delante, el viento por fin dejo de soplar y empezaron a escuchar como ligeros pasos se aproximaban a ellos con velocidad, procedían de todas direcciones. En pocos segundos se vieron rodeados por elfos, sosteniendo ligeros arcos apuntando hacia ellos. Maldord susurró que se quedaran quietos, a ver que pasaba. De repente una voz de mujer llamó a Flixon, le decía que se acercase mas a la gran roca. Este le izo caso y cuando estaba junto a la piedra un gran destello salió de ella, cegando a todos los presentes menos a Flixon, tras la gran luz los compañeros del joven cayeron al suelo profundamente dormidos.
El arbusto que se encontraba debajo de la gran piedra se empezó a mover, en pocos segundos una mujer de ojos verdes y una largo pelo negro estaba delante de nuestro protagonista, se lo llevó a conversar a una habitación donde había abundante comida y bebida.
Al día siguiente el resto de aventureros se despertaron en unas camas, se preguntaron por lo ocurrido, entonces fue cuando Flixon atravesó la puerta y les contó que por seguridad, Aisha, la mujer de pelo negro les había hechizado para poder hablar tranquilamente con él.
Tras esto les contaron sus problemas con la orden y el porque de su estancia en el bosque, la bruja accedió gratamente a darles ayuda pero a cambio de un trabajo el cual solo el bárbaro podía realizar. Se trataba de matar a un hombre vestido de cuero negro que andaba por el bosque y nadie sabía su nombre ni procedencia, pero perturbaba la tranquilidad de los habitantes ya que había cometido asesinatos, era conocido por el “sombrío” nombre que se ganó gracias a una víctima que sobrevivió, lo único que se sabía con seguridad es que era mas sigiloso que cualquier elfo y portaba dos kukris, arma de pequeño tamaño que al ser infectadas con veneno podían matar en segundos a cualquier criatura. En contra de la decisión de Wilkorg, su hermano Kelir aceptó ya que su fuerza era inigualable y su oído muy agudo. Al anochecer, el bárbaro se adentró en el oscuro bosque portando un escudo en la espalda, en la mano izquierda una antorcha y como siempre acompañado de su pesada hacha.
Llevaba poco tiempo caminando, el suficiente como para perder de vista a sus amigos, de pronto un ruido a sus espaldas le llamó la atención, un jabalí lo observaba esperando el momento idóneo para cargar, antes de darle tal oportunidad, el corpulento hombre le lanzó encima de la criatura y de un contundente golpe le dejó su arma incrustada en el cráneo. Unos segundos después de esto, notó como algo le perforaba su brazo, empezó a notar como sus fuerzas mermaban y caía al suelo inmovilizado, solo podía observar como una sombra se le acercaba lentamente, se puso encima suya y le dedico una sonrisa bastante tenebrosa y malvada para luego hacerle un corte limpio en el cuello.
Al anochecer el tercer día, todos incluso Wilkorg quedaron dormidos ya que no habían pegado ojo en esos tres días esperando la vuelta de su hermano. En mitad de la noche, el mago se sobresalto escuchando un sonido sordo, como si algo estuviera golpeando monotonamente, salió velozmente de la tienda dirigiéndose al sonido, a primera vista se veía como en la copa de un árbol algo colgaba y gracias al viento chocaba contra la corteza, se acercó con cautela hasta que reconoció la cabeza del bárbaro, miró de nuevo ya que no podía creerse lo ocurrido, cuando se cercionó de lo que su vista le mostraba se cayó de rodillas al suelo gritando y maldiciendo a la vez que comenzaba a llorar.