lunes, 1 de diciembre de 2008

En el fragor de la batalla

El ejército de Zaragh poseía en primera fila de batalla al los orcos, feroces criaturas pero sin formación alguna, el peligro de estas bestias erradicaban en su gran número y que fieles a su amo ante cualquier circunstancia. El aire estaba tomado por los dragónes, poco numerosos pero con escamas duras solo atravesables por magia blanca.

El ejército del malvado llegó a las murallas del bastión, hubo unos segundos de silencio, después el suelo empezó a temblar y la gran masa de seres deformes y malvados empezó a avanzar hacia la fortaleza. Poco duraron las resistencias del bien, al terminar la noche, se vieron obligados a retirarse al torreón, y la puerta la derribaron con facilidad, cuando todo parecía ya acabado para la tierra, una luz resplandeciente salió de debajo de la montaña, cegando y matando a todos los infames, dejó libres a los pocos hombres y elfos que quedaron, estos ya salvados fueron a buscar a niños, mujeres...
Empezaron una nueva vida, después de esa gran derrota nadie supo nada más de Zaragh y sus subditos. Hasta ahora, un viejo amigo me ha contado que un numeroso clan de magos que controlan la magia negra quieren resucitar a Zaragh, Flixon extrañado le dijo a su tío que porqué le había contado todo eso, Maldord con tranquilidad le explicó que si habían matado al tabernero un hombre con el símbolo de la orden en el brazo, era por algo y ahora tu sabías demasiado por eso te fui a buscar a ti y a tu padre, pero tu padre no se quiso venir conmigo, no lo pude salvar.

El bastión

Cuando se montaron en la barca, el tío se quedo mirando fijamente a la orilla para asegurarse de que no les seguía nadie. Flixon enigmado le preguntó porque habían salido corriendo en vez de enterrar a su padre como era constumbre, entonces el tío, lo miró fijamente a los ojos y le empezó a contar un historia:

Comenzó hace muchos años, cuando yo todavía era niño. Un malvado señor oscuro llamado Zaragh, hijo del rey de toda la tierra conocida, derrocó y asesinó a su padre, el poder del mal lo fue consumiendo.
Formó un ejercito de innumerables bestias, orcos, dragones y demás monstruos sacados de las tinieblas, nadie supo porqué este rey se volvió malvado y despiadado, tan solo unos pocos vivieron para contarlo.
Una rebelión de los pocos seres libres que quedaban, comandados por Kalindor, un general que aún tras la muerte del verdadero rey, le era fiel, defendió unos de los pocos bastiones que quedaban, contra el innumerable ejército de Zaragh, el campo de batalla fue un fuerte que estaba en la cima de una montaña rocosa de difícil acceso, defendida por las tropas del bien. Todo comenzó por la mañana, en primera fila de muralla arqueros elfos de la mejor guarnición llamados "los leales", detrás de estos se allaban la segunda fila también de arqueros, estos eran humanos con peor puntería que los primeros pero con más alcance. Custodiando la puerta por fuera estaban lo duros enanos que aunque pequeños tenían mucha fuerza y eran muy feroces, en formación apropiada eran muy difícil de traspasar pues aguantaban el empuje enemigo con simpleza. Detrás de el portón se encontraban los espadachines humanos, muy buenos y perfeccionados en el arte de la esgrima. Cubriendo la torre, lugar en el que en caso de que tomarán la muralla, su última posibilidad era defenderse allí, estaban los valerosos heroés, que habían librado demasiadas batallas para conseguir la paz.