jueves, 27 de noviembre de 2008

La mañana

Al día siguiente, cuando despertó, se levantó de la cama y como todas las mañanas, se fue a dar un paseo a la orilla del río con su perro, estaba sentado dibujando un lejano molino ya inhabitado que llevaba allí muchos años. Terminó el dibujo y se puso a leer un libro sobre otros reinos y mundos mágicos...
Cuando llegó la hora de la comida el joven Flixon volvió para comer, de camino a su casa sonó algo entre la maleza que bordeaba el camino, el recordando el suceso de la noche anterior, se asustó y empezó a correr. Cuando no llevaba ni un metro, un brazo salió y lo agarro de la ropa, el joven esperando su sentencia final, escuchó la voz de su tío que le hablaba, era Maldord.
El viejo pero fuerte hombre le preguntó porqué había salido corriendo, Flixon le explicó lo que ocurrió en la taberna.
Llegaron a la casa por un camino de tierra adornado con piedras que determinaban los bordes del sendero. Su casa era de madera como las demás de pueblo, muy sencilla y con una pequeña chimenea que se podía ver desde el exterior, tenía un gran árbol que daba sombra a toda la entrada y tras el edificio se extendía un gran bosque muy frondoso y bello, a todo esto le daba un toque de armonía y sensación de paz una verja que pintada de blanco, resplandecía con la luz del sol de medio día.

No hay comentarios: